¿Quién regula a Bitcoin?

Estamos acostumbrado a que haya leyes para todo, que una asamblea de ciudadanos popularmente electos diseñe las reglas, procedimientos, delitos y penas para cada vez más aspectos de la vida. El dinero no es una excepción. Si los Bancos Centrales están regulados, lo lógico es que Bitcoin también lo esté, ¿cierto? Pues, sí, pero no de la misma manera.

Bitcoin, como sistema digital, cumple estrictamente reglas y protocolos (probablemente de manera más estricta que cualquier otro sistema monetario). La diferencia está en que sus leyes no están sujetas a la discreción y al error humano.

Lo que garantiza el buen comportamiento en Bitcoin es quizás lo más imparcial que existe en la naturaleza: las matemáticas.

Bitcoin tiene su propia constitución: su código. Su protocolo determina muy claramente cuáles son las reglas de emisión de unidades, las reglas de gasto, los incentivos al comportamiento honesto y las penalizaciones al deshonesto. Y lo hace con justicia completamente ciega e impersonal, atendiendo exclusivamente a la criptografía.

En su protocolo está prefijado el procedimiento de registro de información en el libro contable, cómo se identificarán las transacciones y los bloques en que estas están incluidas; cuáles transacciones serán válidas para ser registradas. No se le puede hacer fraude al sistema; cualquier acción inválida será rechazada.

Pero, ¿quién regula a Bitcoin?

Bitcon está regulado por sí mismo. El cumplimiento de sus normas es validado constantemente por todos los participantes que aceptan voluntariamente las reglas del consenso.

Pero alguien tuvo que escribir esas reglas, ¿no?

Sí, hubo alguien. Ese alguien que nadie sabe quién es y que desapareció sin dejar rastro en el año 2010: Satoshi Nakamoto. Al momento de liberar el código a la comunidad, los primeros miembros y usuarios de Bitcoin aceptaron esas reglas y siguieron contribuyendo con su mantenimiento y mejora.

Desde entonces, la verdad, son varias las modificaciones que se le han hecho al código para mejorar aspectos como su escalabilidad de transacciones, su seguridad y su privacidad. Y aún hay más por venir.

Deliberar y desarrollar: la legislación en Bitcoin

Los desarrolladores son algo parecido a legisladores en Bitcoin; y las listas de correo, una asamblea abierta de discusión técnica. La diferencia está en que participar en la deliberación no requiere haber ganado un concurso de popularidad; cualquiera, con el criterio suficiente para comprender, refutar y proponer, puede legislar en Bitcoin.

¿Cómo es este proceso legislativo? Pues bastante prolongado y minucioso. Como dijimos, las reglas de Bitcoin determinan su funcionamiento, el cual abarca procesos bastante detallados. Enmendar estas reglas puede implicar compromisos, por lo que se deben dilucidar todos los posibles efectos secundarios que pudieran derivarse antes de proceder con alguna modificación.

Todo comienza identificando deficiencias. Si como civilización humana de miles de años aún seguimos buscando solución a problemas milenarios, es evidente que un sistema abierto de apenas una década va a tener cosas que mejorar. Todo es perfectible.

Los potenciales elementos de mejora no son tan difíciles de encontrar. Generalmente son resultado del proceso deliberativo continuo que se da tanto en las listas de correo de desarrolladores, como hasta en Twitter. El verdadero reto es dar con la solución adecuada al problema identificado sin comprometer alguna otra parte de las que componen el sistema.

Lo bueno de la gobernanza abierta y horizontal es que no existe ninguna cadena de mando y obediencia que determine qué debe investigarse y qué no. Cada quién es libre de trabajar en el problema que más prioritario le parezca. Ahora, que este trabajo sea posteriormente introducido en el código, es otra historia.

Una vez que un investigador descubre una solución para un problema, comparte con la comunidad su propuesta, sea a través de un mail en la lista de correos de desarrolladores, un white paper formal o mediante una BIP o Propuesta de Mejora de Bitcoin. Estas propuestas, si atraen suficiente atención, comienzan a ser experimentadas por otros desarrolladores en redes de pruebas, son comentadas y criticadas.

Sin embargo, conciliar aquello que los investigadores quieren trabajar, las expectativas de los usuarios y lo que objetivamente será bueno para las propiedades de la red, no es tarea fácil. Muchas BIPs pasan años esperando implementación. Algunas son simplemente abandonadas. Otras, aquellas que no necesariamente tienen que introducirse en el cliente base para funcionar, son aprovechadas de manera optativa por proveedores de servicios de monederos, nodos o mineros sin afectar al resto de la red.

Si, después de mucho debate, experimentación y análisis, se encuentra que una propuesta es digna de ser añadida al cliente base y que no es percibida como contenciosa por una parte amplia de la comunidad, son solo los mantenedores del código quienes podrán implementar.

Aunque esto pueda percibirse como un punto central de control (pues son escogidos por sus méritos por otros mantenederoes), la verdad es que los seis mantenedores del código trabajan más como conserjes que actualizan la voluntad de la comunidad de Bitcoin, que como dictadores que siguen su propio interés. Al final, el repositorio de GitHub donde reposa el cliente de Bitcoin es tan solo referencial; es optativo que cada operador de nodo actualice o no a la última versión.

Además, cabe decir que Bitcoin Core, el también llamado cliente de Satoshi, es tan solo uno entre al menos once clientes de Bitcoin (si bien el 98,41% de los nodos corren Bitcoin Core). Si alguien quiere introducir una mejora que el resto de la comunidad no, perfectamente puede copiar el código base y crear su propio cliente modificado. Tan solo debe procurar hacerlo compatible con el resto de los nodos para poderse comunicar con ellos y no separarse del resto de la cadena.

Con esto último nos referimos a los tipos de cambios de reglas de validación existentes en Bitcoin: los llamados soft forks y hard forks o bifurcaciones suaves y duras, en español.

Dicho de manera breve, una modificación por soft fork mantiene la compatibilidad entre clientes, por lo que pueden convivir versiones distintas y comunicarse entre sí, si bien solo quienes actualicen aprovecharán las mejoras. En cambio, un hard fork requiere la actualización simultánea de todos los operadores de nodos para evitar la separación de la cadena, pues no habrá compatibilidad entre versiones.

Por último, ¿cómo son ejecutados y cómo se valida el cumplimiento del código? Corriendo el software en tu propio nodo.

Al final, cada usuario es el encargado de regular lo que intersubjetivamente entendemos por Bitcoin. Sí, esta tecnología existe en un mundo controlado por Estados, pero las leyes de los hombres no afectan su funcionamiento.

Claro que se puede regular y legislar sobre los usuarios. Cada norma que se aplica a los servicios de intercambio y custodia, cada impuesto que se le cobra a los ciudadanos, son regulaciones que orbitan a Bitcoin, apéndices que no tocan ni modifican su regulación interna. Esto porque, como vimos, para cambiar las reglas de Bitcoin hay que encontrar consenso con el resto de los más de 11.000 operadores de nodos que existen al día de hoy.

Las personas pueden regularse porque tienen un punto único de fallo: su existencia material. Pero Bitcoin como código de un sistema abierto y distribuido puede replicarse en cualquier parte del mundo y seguir su funcionamiento. Si un gobierno de turno decidiera prohibirlo en su territorio, aún persistiría en cualquier otra geografía.

Al punto de la historia en que nos encontramos, Bitcoin es inevitable: no se irá para ninguna parte. En cuanto a la regulación, todo depende del consenso.


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