Por qué importa desconocer quién creó Bitcoin

La respuesta a la pregunta sobre quién creó Bitcoin puede parecer una trampa. Con dos palabras bastaría para responder: Satoshi Nakamoto. Ahora, ¿quién es Satoshi Nakamoto? Pues, aún es un misterio.

Pensemos un segundo en la etimología de la palabra misterio. En la antigüedad griega, cuando se hablaba de misterios (Mysterión) se aludía a ciertos cultos o religiones que, entre otras cosas, tenían en profunda estima el secreto. Aquel conocimiento propio de la religión solo podía ser conocido por los iniciados (Mystés). Así, el iniciado era aquel que conocía los misterios y callaba su boca (Myo).

Puede que el creador de Bitcoin fuera un asiduo a aquel grupo mistérico de los años 90 conocido como los cypherpunks. Decimos mistérico pues este heterogéneo grupo estaba conformado también por amantes del secreto, no religioso, sino matemático: la criptografía.

La creación de herramientas que permitieran la interacción privada y sin censura en Internet era parte de los objetivos de algunos de los miembros de esta comunidad cibernética que interactuaba mayoritariamente en la lista de correos de Cryptography. Se habla de Nakamoto como un cypherpunk pues fue allí donde hizo público por primera vez el white paper de Bitcoin.

Sin embargo, esto no nos dice nada sobre el personaje sino, en todo caso, qué inclinaciones ideológicas podía tener, qué valores podía defender, qué intereses le apasionaban o, simplemente, dónde supo que su idea podía calar.

Como hemos visto en anteriores entregas, Satoshi no fue el primero en pensar en dinero electrónico descentralizado; solo fue el primero en lograrlo. Por ello, fuese quien fuese, o cualquiera que haya sido su intención, este espacio de discusión era indudablemente el terreno más fértil.

Quiénes no son Satoshi

Muchas hipótesis controversiales se han levantado sobre la identidad tras este seudónimo aparentemente japonés. Desde aquellos que aseguran que se trata de un experimento social de una agencia de tres siglas como la CIA o la NSA, hasta quienes sueñan que el creador sea realmente una avanzada inteligencia artificial o una lejana sabiduría alienígena. Ninguno de estos planteamientos han sido solidamente respaldados. Otros, más osados, incluso se han autoproclamado creadores de la primera criptomoneda y han llegado a defender su proclama en tribunales (litigios que perduran hoy en día).

Realmente, la lista de candidatos a Satoshi Nakamoto es nutrida. Desde el físico japonés, Dorian Nakamoto (cuyo nombre de nacimiento es Satoshi); pasando por otros proponentes del dinero electrónico como Nick Szabo y Wei Dai; hasta la primera persona en correr el software de Bitcoin y recibir la primera transacción, Hal Finney. Todos rechazaron la atribución.

El silencio de Satoshi

Nakamoto no creó Bitcoin y desapareció inmediatamente, si bien su presencia pública en Internet fue bastante breve. Tras haber registrado el dominio Bitcoin.org en agosto de 2008, escribió su último mensaje en el foro Bitcoin Talk el 12 de diciembre de 2010 (en el que propone mejoras contra ataques de denegación de servicio) e Internet no supo más de él.

Un día antes de desaparecer, en el mismo foro, había manifestado su incomodidad con una publicación de PC World en que se sugería la posibilidad de que WikiLeaks, excluido de los métodos de pago tradicionales por su polémica con el gobierno estadounidense, decidiera adoptar Bitcoin. Satoshi expresó su preocupación al respecto por el estado prematuro en que aún estaba la red:

“El proyecto necesita crecer gradualmente para que el software sea fortalecido en el camino. Hago un llamado a WikiLeaks a no tratar de usar Bitcoin. Bitcoin es una pequeña comunidad beta en su infancia. No obtendrán más que cambio de bolsillo, y el calor que traerán probablemente nos destruiría en este estadio (…) Hubiera sido bueno obtener esta información en cualquier otro contexto. WikiLeaks ha pateado el panal, y la abejas se dirigen hacia nosotros”.

WikiLeaks igual adoptó Bitcoin. Pero Satoshi se equivocó: Bitcoin no fue destruido. Si bien no es más que una conjetura más, esta pudiera ser una de las razones por las que Nakamoto, quizás por prudencia, y ante la posibilidad de que arremetieran contra el punto central de fallo que suponía su identidad, le pareciera que lo mejor sería simplemente retirarse.

También cabe la posibilidad de que, fiel a la personalidad meticulosa y metódica que se evidencia en sus textos, hubiera planeado desde el principio desaparecer por el bien del proyecto. O, simplemente, que cualquier asunto personal lo haya imposibilitado de seguir.

Como mantenedor del código, dejó encargado al desarrollador Gavin Andresen. Poco antes de ausentarse definitivamente, Nakamoto replicó a Andresen que dejara de “hablar sobre él como una figura misteriosa y sombría, la prensa solo lo toma desde el ángulo de una monda pirata. Tal vez mejor enfocate en el proyecto de fuente abierta y da más crédito a los desarrolladores que contribuyen; ayudará a motivarlos.”

La prensa igual lo tomó desde el ángulo de una moneda pirata. Pero eso no frenó que se constituyera una motivada comunidad de desarrolladores que se ha mantenido contribuyendo, muchas veces ad honorem, con el proyecto de fuente abierto.

Sin líderes: una característica, no una falla

El misterio de la identidad tras este seudónimo forma también parte de las características de Bitcoin, no solo como tecnología, sino como fenómeno económico y sociopolítico.

En el ámbito económico, la ausencia de un responsable o dueño de Bitcoin es parte de aquello que lo hace dinero y no crédito. Se dice que una moneda es crédito cuando su valor depende del comportamiento futuro de quién lo emite, como sucede con las monedas de bancos centrales. Cuando el emisor cae en el descrédito por sus políticas económicas erradas (como sucede en la actualidad con el Banco Central de Venezuela), la moneda tiende a la devaluación. Sin embargo, en tanto emisor, se mantiene en la obligación de aceptar sus monedas para la cancelación de las deudas que se tengan contra él (pago de impuestos, por ejemplo). En ese sentido, las monedas son sus obligaciones, sus pasivos.

Con el crédito, si el emisor desaparece, desaparece también el valor de la moneda. Con otras formas de dinero-mercancía, como el oro, por más que desaparezcan todos los mineros, acuñadores y productores, el oro seguiría teniendo valor por sus características y no por quien lo emite. Lo mismo sucede con Bitcoin: al ser una red acéfala, descentralizada y distribuida, es una tecnología independiente y autónoma de cualquier voluntad humana; son reglas sin regentes, autoejecutándose continuamente para mantener el valor de sus propiedades.

Esto nos lleva al aspecto sociopolítico. Formas centralizadas de dinero electrónico — como lo fue el extinto DigiCash de David Chaum, o la anteriormente llamada Libra, ahora Diem, de Facebook — , fueron frustrados, en parte, por tener un rostro visible al cual llamar la atención por intentar emitir su propio dinero fuera del consentimiento estatal. Pero aún en versiones distribuidas de dinero electrónico, la presencia de un creador conocido inevitablemente entroniza a un líder cuyo opinión y visión sobre este bien común tiende a valorarse más que la del resto.

Esta ausencia de líder constituyó a su vez una gobernanza descentralizada en la que nadie es dueño y nadie está a cargo: la red Bitcoin es un bien público, abierto y neutral en el que cualquiera puede participar.

Pero que nadie esté a cargo también significa que todos estamos a cargo. Cada quien, desde su trinchera o espacio de influencia, hace lo posible por colaborar y hacer su parte por el bien del proyecto. Mineros, casas de cambio, monederos, servicios de custodia, desarrolladores, educadores, periodistas, holder, traders, inversionistas; todos saben que de la salud de la red depende la salud de su negocio, por lo que todos hacen su parte para mantenerla y difundirla. Se trata del sistema de incentivos propios de la arquitectura social de Bitcoin.

El misterio que envuelve a la figura del creador, produce un efecto similar al de los grandes relatos de la humanidad, dando un aura mitológica a la fundación de Bitcoin como institución humana en construcción.


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